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Barça 2-3 Athletic: Los vascos se coronan ante un Barcelona muy triste

Hoy se jugó en el Estadio de La Cartuja la final de la Supercopa de España entre el FC Barcelona y el Athletic Club.

Merecidísimo. El Athletic sorprende al FC Barcelona y se corona como el campeón de esta edición de la Supercopa de España, tras vencer al Real Madrid en la semifinal y al conjunto azulgrana en la final. Los de Marcelino jugaron un gran partido, incomodando prácticamente en todo momento a su rival, y tuvo que remar contracorriente para terminar llevándose una nueva Supercopa de España; la tercera en el palmarés del club, que antes la había ganado en 1984 y en 2015, Precisamente, la última vez que ganaron este título fue contra el mismo rival al que hoy vencieron.

El Barça se quedó muy pero que muy corto. Parecía que ni Ronald Koeman ni los jugadores eran conscientes de que estaba en juego el primer título de la temporada, y jugaron con un pasotismo bastante llamativo. Y del otro lado estaba un Athletic que sí que entendía lo que estaba en juego, y estaban dispuestos a dar todo por conseguir la gloria. Los vascos le dieron un baño de carácter, entrega, ganas e intensidad al conjunto blaugrana… y tuvieron su recompensa.

Primer tiempo

Poco que decir de estos primeros 45 minutos. Una primera mitad con un ritmo muy lento, pocas ocasiones de gol, pocas aproximaciones peligrosas y casi nada de emociones y vértigo. Eso sí, hubo un dominador muy claro en este primer tiempo y no fue otro que el Athletic Club de Marcelino. Se jugó a lo que querían los vascos, que jugaron con dos, tres o hasta cuatro marchas más que su rival. Una diferencia abismal en intensidad, potencia, carácter y convicción entre un equipo y otro.

El más destacado de la primera parte no jugó, sino que estuvo en la línea lateral dando indicaciones. El plan de Marcelino funcionó de inicio a fin. A través de la presión alta neutralizó por completo al Barça, que encontraba muchísimos obstáculos para salir jugando desde atrás. Llevaron el juego a donde querían. Le cerraron los espacios por el carril central al conjunto culé y anularon a la sociedad Messi-Pedri que tantas soluciones le ha dado al Barcelona en las últimas semanas. Cuando no podían recuperar el balón en la presión alta y el Barça conseguía progresar (que no sucedía demasiadas veces, en realidad), retrocedían un poco (aunque tampoco demasiado) para evitar dejar al equipo estirado y que los atacantes azulgranas pudiesen hacer daño.

El único punto negativo para el Athletic en el primer tiempo es que la presión alta funcionó para refugiarse lejos de su propia área y no sufrir en defensa, pero no fue efectiva en la búsqueda por el gol. A diferencia de lo hecho contra el Real Madrid, al Athletic le costó crear peligro a través de esas recuperaciones rápidas en campo rival. Generaron muy poco en ataque y Ter Stegen tuvo un primer tiempo tranquilo a la hora de proteger su valla; muy pocas veces inquietaron al portero alemán.

David Ramos/Getty Images

Por su parte, los jugadores del Barça estuvieron presentes en La Cartuja, pero casi ni lo parecía. Un primer tiempo de puro pasotismo e imprecisión para el conjunto catalán. Fueron muy pocas las veces en que el Barça se acercó a Unai Simón o pudo plantarse y progresar en campo contrario. Les costaba una barbaridad salir jugando con claridad. Se veían apagados, con una actitud indigna de un escenario como el de hoy. El Athletic fue superior gracias a la presión, pero también con la actitud con la que salieron a jugar; una actitud que el Barcelona nunca tuvo.

Si algo se puede rescatar de la primera parte de los azulgranas es a Ronald Araújo en defensa y Antoine Griezmann en ataque. El charrúa es un muro, y lo sigue demostrando. Araújo tuvo la dificilísima labor de marcar a Iñaki Williams, y lo hizo a las mil maravillas; el delantero español se movía y buscaba aprovechar su velocidad para desmarcarse, pero es que el joven central anuló cada uno de sus intentos. Por su parte, el delantero francés no tuvo 45 minutos cercanos a lo brillante, ni mucho menos. Pero sí que fue el único que corrió e intentó algo más en el ataque del FC Barcelona; se movía de lado a lado y, para lo poco que generó su equipo, mucho fue lo que hizo.

Y resultó ser que un primer tiempo tan lento y descafeinado como este, contra todo pronóstico, tuvo un final emocionante. Al minuto 40, Messi tuvo su primera intervención relevante en el partido con un pase al espacio para Jordi Alba… marca de la casa. El lateral español recibió y se la devolvió a Messi que llegaba al área para remate; su disparo se encontró con la pierna de un defensor y el rebote le quedó a Antoine Griezmann, quien se acomodó y mandó el balón al fondo de la red. Pero la alegría para los catalanes no dudaría demasiado, porque el Athletic sólo tardaría dos minutos para poner tablas en el marcador con un gran gol de Óscar de Marcos, que le comió la tostada a Jordi Alba, le ganó la espalda y aprovechó un excelente pase de Iñaki Williams.

Segundo tiempo

El ritmo seguía siendo el mismo. Ninguno de los dos equipos quería arriesgar demasiado; sobre todo el Barça. Ronald Koeman prefería evitar algún error que pudiesen pagar muy caro antes que arriesgar e ir en busca de ese segundo gol que los volviera a colocar en ventaja en el marcador. Por su parte, el Athletic seguía con su idea de presionar arriba, pero el desgaste físico complicaba cada vez más su búsqueda. En términos generales, un juego muy cansino. Tanto Barcelona como Athletic (pero más Barcelona) jugaban para no perder en vez de jugar para ganar.

El Athletic le hizo pasar un susto importante a su rival en el primer cuarto de hora del segundo tiempo. Raúl García apareció para anotar de cabeza desde el balón parado, pero tras la revisión del VAR el gol fue anulado por fuera de juego. La defensa del Barcelona fue pésima; estaban completamente dormidos y perdidos, pero la tecnología en esta ocasión salvó a los dirigidos por Ronald Koeman.

Con el paso de los minutos, el Athletic perdía frescura y el desgaste de tantos minutos presionando tan arriba ya empezaban a pasar factura. Los vascos no presionaban de forma tan efectiva como antes y ya no podían evitar que el Barça se plantara en campo rival, desarrollando largas secuencias de pase. Se refugiaban un poco más cerca de su arco, pero aún aguantaban bien, sin pasar grandes apuros en la retaguardia.

CRISTINA QUICLER/AFP vía Getty Images

El Barcelona ya podía jugar en campo rival, lo que ya era un avance con respecto a lo hecho en el primer tiempo. Pero el ritmo y la intensidad seguían siendo muy bajos. Tocaban y tocaban, esperando que pasaran los minutos y que llegara el cansancio físico y mental del Athletic. Al final el plan le funcionó a Koeman. No eran superiores ni tampoco dominaban, pero al menos ya no sufrían con la presión del Athletic. Salían con tranquilidad y, aunque aún no aparecían las grandes figuras del equipo, sí que se vio un ligera mejora del equipo… o tal vez fue el rival el que empeoró un poco.

Y al minuto 77, el Barça se volvería a adelantar en el marcador. Dembélé metió un pase quirúrgico para que Jordi Alba avanzara solo por banda izquierda y habilitara a Antoine Griezmann, quien llegaba solo por el carril central y remató a placer para marcar su doblete. Con este gol en el tramo final de partido, parecía que todo se definía, pero el Athletic, a pesar del enorme cansancio que arrastraban, aún no pensaban en rendirse. Al minuto 90, Asier Villalibre tuvo vía libre para rematar un centro que venía de un balón parado y mandar el juego a la prórroga.

Prórroga

El tiempo extra no pudo empezar mejor para Marcelino y sus dirigidos. Al minuto 93, Iñaki Williams se perfiló desde fuera del área y sacó un remate magistral, de esos que se recuerdan con el pasar de los años; el balón iba por la escuadra, dio en el travesaño y entró, dejando sin oportunidad de respuesta a Ter Stegen, que lo intentó, pero incluso para él era imposible evitar aquel golazo del delantero español que ponía por delante en el marcador al Athletic por primera vez en todo el partido.

Por primera vez en este juego el Barça de Ronald Koeman estaba por detrás y se veía obligado a buscar un gol que les diera vida. Pero los azulgranas mantuvieron la línea que siguieron a lo largo de todo el partido; un ritmo de juego lentísimo, casi somnífero. Sin caminos para llegar al gol, con un circulación de balón pasivo y sin movimientos en el último tercio de la cancha que buscaran romper las líneas de un Athletic muy compacto en defensa. Nada de nada por parte del Barcelona. Se plantaban en la frontal del área, pero por necesidad e inercia, y no por convicción.

Se quedó cortísimo el Barça. El Athletic jugaba muy cómodo. Los vascos replegaban , dejaban muy pocos espacios y cuando recuperaban salían rápidamente al contraataque, ya fuese para sentenciar el partido con un cuarto gol o para mandar el balón lo más lejos posible de su portería y dejar que pasara los minutos. De hecho, el Athletic generó más aproximaciones y ocasiones para llegar a su cuarto gol que el Barcelona para llegar al empate y forzar los penales.

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