Cuando un club como el Real Madrid, acostumbrado a escribir páginas doradas en la historia del fútbol, firma una temporada para el olvido, las alarmas se encienden inevitablemente. En esta campaña, múltiples factores conspiraron para que el conjunto blanco no estuviera a la altura de su grandeza.
La falta de regularidad, una planificación de plantilla deficiente, lesiones clave, decisiones tácticas cuestionables y un equipo que en momentos críticos mostró claros signos de desgaste, terminaron por definir una campaña marcada más por las decepciones que por los éxitos. Un año que quedará grabado en la memoria, no por las celebraciones, sino por las lecciones que dejó.
Las lesiones: un compañero de viaje durante toda la temporada
La presente campaña será recordada como una de las más castigadas por las lesiones en la historia reciente del Real Madrid. No se trató de lesiones aisladas, sino de una auténtica plaga que afectó líneas completas del equipo, particularmente en defensa.
Jugadores claves como Dani Carvajal, Éder Militao, Thibaut Courtois, Antonio Rüdiger y Ferland Mendy sufrieron lesiones graves o recaídas en momentos cruciales de la temporada. Militao y Courtois, que ya venían de lesiones de larga duración (roturas de ligamento cruzado en 2023), regresaron, pero nunca lograron recuperar su nivel físico ideal. Tanto asi que Éder Militao a comienzos de temporada volvió a sufrir una rotura complete del ligamento cruzado de la rodilla derecha y en cuanto al portero madridista solo ha acumulado a lo largo de la temporada 1 mes de baja donde se ha perdido partidos clave. En los casos Mendy y Rudiger, por su parte, padecieron dolencias musculares recurrentes, imposibilitando su continuidad. Sin embargo la baja mas sensible de todas es la de Dani Carvajal, quien sufrió en octubre una rotura del ligamento cruzado anterior, del ligamento colateral externo y del tendón poplíteo de su rodilla derecha de la cual no volverá sino hasta mediados de la siguiente temporada.
La consecuencia fue devastadora: Carlo Ancelotti debió plantear 24 combinaciones distintas en la zaga, de las cuales solo una de ellas repitió hasta en 5 ocasiones solamente. Esto impidió construir automatismos, una condición esencial para la solidez defensiva.
A nivel estadístico, el Real Madrid encajó 42 goles en LaLiga y 14 en la Champions League, cifras inusuales para un club acostumbrado a la excelencia defensiva.
Cada partido era una incógnita, cada alineación una improvisación obligada. La defensa, tradicionalmente el muro blanco sobre el que se construyeron las últimas gestas europeas, fue esta vez su talón de Aquiles.
Un mercado de fichajes que dejó más preguntas que respuestas
Pese al golpe de efecto que supuso la contratación de Kylian Mbappé como agente libre, el mercado veraniego del Real Madrid se quedó corto en reforzar otras necesidades evidentes de la plantilla.
La retirada de Toni Kroos dejó un vacío imposible de llenar. Kroos no solo era un pasador exquisito, era el metrónomo del equipo, quien daba pausa, ordenaba la salida de balón y ponía serenidad en los momentos calientes. Su salida no fue debidamente compensada en el mercado.
Tampoco se reforzó adecuadamente el eje de la defensa, a pesar de saber que Militao y Alaba venían de lesiones graves. En vez de incorporar un central, lo cual estuvo en los planes pero en vista de que no pudieron fichar a Leny Yoro que era la meta, decidieron no fichar y por problema de lesiones el club terminó apostando por la polivalencia de Tchouaméni como zaguero improvisado, una solución temporal que terminó por desdibujar al mediocampo también.
La consecuencia fue evidente: durante varios tramos de la temporada, el Madrid improvisó en exceso. Jugadores como Camavinga y Valverde fueron utilizados fuera de sus posiciones naturales en más de una docena de partidos oficiales. Si no hubiese sido por la explosión del joven central Raúl Asencio, surgido de La Fábrica, el equipo podría haber terminado en una situación aún más comprometida.
El Real Madrid, en esencia, planificó la plantilla pensando más en el brillo mediático que en el equilibrio deportivo. Y eso, terminó pasando factura.
Problemas tácticos: el pan de cada partido
No es habitual ver a un equipo de Carlo Ancelotti sin identidad táctica clara. Sin embargo, esta temporada, el Real Madrid navegó a la deriva en demasiados partidos importantes.
El entrenador italiano intentó adaptarse a las circunstancias, pero sus planteamientos, en lugar de potenciar al equipo, acentuaron las carencias. El Madrid osciló entre el 4-3-3 tradicional, el 4-4-2 en rombo, e incluso ensayó líneas de tres centrales, pero ninguna fórmula se consolidó.
Kylian Mbappé, lejos de ser el revulsivo absoluto, encontró dificultades para encajar junto a Vinicius Junior y Rodrygo. Los tres, especialistas en el desequilibrio individual, parecían desincronizados en el juego colectivo. Los ataques blancos carecieron de profundidad y variedad.
Además, el mediocampo perdió equilibrio. Camavinga, Valverde y Tchouaméni son excelentes en físico y recuperación, pero no suplieron la calidad en la circulación que aportaban Modric y Kroos en sus mejores años.
El resultado fue un Real Madrid que no supo controlar partidos, que dependía casi exclusivamente de inspiraciones individuales y que, en las noches grandes de Champions y Liga, fue superado táctica y estratégicamente por equipos más compactos.
El vestuario: golpeado en lo anímico
Otro de los grandes males de esta temporada fue la gestión emocional del vestuario. El peso acumulado de las lesiones, la presión mediática por la falta de resultados, y la sensación de no tener control de los partidos claves, drenaron la moral del grupo.
Veteranos como Modric y Carvajal intentaron sostener al equipo desde el liderazgo, pero el desgaste físico y emocional terminó siendo demasiado grande. Las caras largas en los entrenamientos y los gestos de frustración durante los partidos se convirtieron en una postal repetida.
El Real Madrid, históricamente un club de «remontadas imposibles», esta vez no encontró ese impulso épico que en otros tiempos parecía surgir de la nada. La resiliencia, una de sus señas de identidad, se diluyó ante la falta de respuestas futbolísticas y anímicas.
El futuro: reconstrucción basada en la autocrítica
Con Carlo Ancelotti prácticamente sentenciado, y rumores de candidatos como Xabi Alonso o Raúl González para reemplazarlo, el Real Madrid se enfrenta a un verano de decisiones críticas.
La prioridad no puede ser únicamente fichar grandes nombres, sino construir una plantilla equilibrada, profunda y capaz de competir en todos los frentes. Hace falta reforzar la defensa con al menos dos centrales de primer nivel, incorporar un medio centro organizador que supla la baja de Kroos, y quizás pensar en un «9» de área que complemente a las estrellas actuales. Pero más importante aún será recuperar la identidad perdida: un equipo reconocible, combativo y capaz de reinventarse en medio de la tormenta.
La historia del Real Madrid enseña que los fracasos son solo el comienzo de grandes resurrecciones. Pero para ello, primero hay que mirar al espejo, reconocer los errores y actuar en consecuencia. En Chamartín, rendirse jamás ha sido una opción. Y esta vez no será la excepción.

