Lucas Vázquez dejará el Real Madrid después de casi dos décadas y una larga historia junto al club blanco
«El tiempo es lo más valioso que puede gastar un hombre«. La frase de Teofrasto encaja perfectamente para definir la etapa de Lucas Vázquez en el Real Madrid, un futbolista que supo aprovechar sus años en Chamartín, aunque esto, como todo en la vida, ha llegado a su fin. En un club donde la exigencia es máxima y el talento suele ser la medida, Lucas encontró su lugar a base de profesionalismo y entrega, valores que a menudo pasan desapercibidos en las estadísticas, pero que han sido claves para su permanencia en el equipo durante tantos años.
Lucas Vázquez ha disputado un total de 361 partidos con la camiseta del Real Madrid, en los que ha marcado 38 goles y ha dado 54 asistencias en todas las competiciones. Unos números notables para un jugador cuyo rol ha sido el de un eterno comodín, un hombre de rotación que nunca alzó la voz para reclamar protagonismo, pero que siempre estuvo dispuesto a saltar al campo y dar el máximo, ya fuese como extremo o lateral derecho.
Desde su irrupción en el primer equipo, pasando por las etapas de Rafa Benítez, Zinedine Zidane, Julen Lopetegui, Santiago Solari y Carlo Ancelotti, Lucas ha sido ese futbolista que siempre estaba dispuesto a ocupar el rol que el equipo necesitara. Y no solo eso. Supo reinventarse en un momento clave de su carrera, cuando pasó de ser un extremo derecho a un lateral derecho, un movimiento que suele ser complicado para cualquier futbolista, pero que Lucas asumió con el mismo compromiso que le permitió permanecer tantos años en el club más exigente del mundo.
Ese mismo compromiso fue el que lo mantuvo en la plantilla blanca a pesar de la constante competencia. No era fácil ser un habitual en un equipo donde las posiciones están dobladas por jugadores de élite, pero Lucas, sin alzar la voz, sin protestar y con una entrega constante, se ganó la confianza de sus técnicos.
Esta temporada ha sido un claro ejemplo de lo que significa ser Lucas Vázquez en el Real Madrid. Inició como un jugador de rotación, con Carvajal y Rodrygo por delante en la banda derecha, pero las circunstancias del curso lo llevaron a ver más minutos de los esperados. La lesión de Carvajal y la salida de Nacho Fernández le abrieron la puerta, y Ancelotti no dudó en darle protagonismo en un tramo crucial de la temporada. Sin embargo, su rendimiento dejó al descubierto sus limitaciones, especialmente en los grandes partidos, donde el nivel físico y defensivo que demandaba la banda derecha fue un desafío para Lucas.
Aun así, su contribución no se puede minimizar. Con el dorsal 17 en la espalda, sumó 23 títulos con el Real Madrid. Su actitud competitiva, sus centros desde la banda, sus amagues en el área que provocaron penaltis y, sobre todo, su capacidad para dar la cara en los momentos difíciles, lo convirtieron en un futbolista querido por la afición. Para el madridismo, su imagen quedará eternamente ligada a aquel penalti en la final de Milán, donde, con una serenidad pasmosa, caminaba hacia el punto de penalti haciendo girar el balón en su dedo, como si fuese un día más de entrenamiento. Era la apertura de una tanda que acabaría llevando al Madrid a la Undécima.
Pero el tiempo no perdona. A sus 33 años, Lucas Vázquez siente el peso de los años en una plantilla donde cada vez es más difícil mantenerse sin ser un jugador top. El Real Madrid ha evolucionado, y su exigencia también. Cada vez más, los clubes grandes necesitan plantillas largas, con futbolistas de primer nivel en cada posición. Y Lucas, a pesar de su entrega, empieza a quedar rezagado.
Quizás, en este adiós que se avecina, haya un dejo de tristeza. Pero también la satisfacción de haberlo dado todo. Porque si algo caracteriza a Lucas Vázquez es que, más allá de sus virtudes y defectos futbolísticos, siempre fue un jugador que dejó el alma en cada minuto que le tocó jugar. Y eso, al final del día, también es un legado.
